Marie Curie, una mujer pionera en su tiempo. Segunda parte.
Autores: María del Carmen Binda
Maria Sklodowska nació en Varsovia en 1867. Sus padres, maestros y dueños de un instituto de educación primaria, estaban profundamente convencidos de la importancia de la educación. Maria, alumna brillante, vio truncado su deseo de ir a la universidad, dado que esto no les era permitido a las mujeres en la Polonia ocupada por los rusos. Recién a los 24 años, y luego de penosos sacrificios, viajó a París y concretó su sueño de ingresar en la Sorbona para hacer la Licenciatura en Física y Matemática. Después de tres años de intenso estudio, se graduó con notas sobresalientes.
Poco después de su llegada a Francia, conoció al físico francés Pierre Curie, con quien se casó en 1895. Pierre Curie, licenciado por La Sorbona y doctorado en 1895, trabajaba en el campo de la cristalografía en colaboración con su hermano, con quien descubrió la piezoelectricidad. En 1895 comprobó que los cuerpos ferromagnéticos se transformaban en paramagnéticos a partir de cierta temperatura conocida hoy como «punto de Curie». Determinó la relación entre paramagnetismo y temperatura (ley de Curie) y estableció la diferencia entre paramagnetismo y diamagnetismo. En 1897 Marie dio a luz a su hija Irene.
Marie aprendió mucho de la experiencia de Pierre en el campo experimental y, con su ayuda, comenzó a trabajar en el tema de su tesis doctoral, que se basaba en los descubrimientos de Henri Becquerel sobre la propiedad del uranio y sus compuestos de emitir radiaciones, imprimir placas fotográficas y atravesar papel y metales. Marie desarrolló su tesis sobre el descubrimiento de otras sustancias capaces de emitir rayos becquerel, incluyendo en su análisis a la pechblenda con alta concentración de uranio. Demostró que la pechblenda presentaba una actividad cuatro veces superior a la del uranio y dedujo que en este material debían de encontrarse otras sustancias radioactivas diferentes y de mayor actividad que el uranio. Y no se equivocó...
A fines de 1898, después de exhaustivos métodos de purificación y cristalización, Marie logra aislar otra sustancia con una actividad 1 millón de veces superior a la del uranio, a la que denomina radio (del latín radius: rayo). Marie arriba a los siguientes resultados: las radiaciones emitidas por el radio podían medirse por la corriente eléctrica que este generaba; constituían una propiedad atómica del elemento independientemente de su estado físico; la intensidad de la radiación era proporcional a la cantidad contenida en la muestra. Acuña la palabra radioactividad. Poco tiempo después, descubre otra sustancia radiactiva unida al bismuto a la que llama polonio, en honor a su país de origen.
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